Estudios de Lingüística del Español | Vol. 51 (1) | 2026
DOI: 10.36950/elies.2026.51.1.12
Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución 4.0.

Reseña de Blestel, Élodie. 2025. Discriminación lingüística, social y racial. Una aproximación enactiva en el Caribe colombiano. Berlín/Boston: De Gruyter.

Eva García

Université de Genève

Una carcajada en un barco cerca de Cartagena, al inicio de su estancia en Colombia, encierra ya el problema central de este libro. Cuando Élodie le explica a un colombiano que sus hijos irán a la escuela en Santa Marta, la respuesta es una pregunta burlona: “¡¿Van a aprender a hablar corroncho, entonces?!” (Blestel 2025: 140). La autora registra la risa colectiva que se desata a su alrededor, sin comprender aún el significado de la palabra. Lo que ella no podía imaginar todavía es que dicho término volverá a cruzarse en su camino más de una vez, y que esa anécdota condensará las preguntas clave que llegarán a estructurar toda su investigación: cuáles son los procesos que llevan a los hablantes a ordenar jerárquicamente las variedades del español, y cómo esas percepciones están impregnadas de dinámicas sociales, económicas y raciales cuyas raíces se hunden en el periodo colonial.

La autora se adentra en un terreno poco explorado desde dos ángulos complementarios. Por un lado, Santa Marta –la ciudad más antigua de la actual Colombia, donde el español convive con varias lenguas indígenas y comunidades afrodescendientes– ha sido relativamente poco estudiada. Por otro, el marco teórico que elige para analizar sus datos es tan riguroso como insólito en las ciencias del lenguaje: una aproximación enactiva –inspirada en el trabajo de Varela, Thompson y Rosch (1997)– aplicada al estudio de la discriminación lingüística. Con este enfoque, la concepción del lenguaje experimenta un cambio radical: ya no se presenta como un sistema de signos que se limita a describir una realidad preexistente, sino como una práctica viva que, a través de sus interacciones, permite a los hablantes contribuir de forma activa a la construcción de un entorno lingüístico, social y, por extensión, de un mundo propio. Es precisamente esta unidad indisociable entre percibir y actuar lo que Blestel, siguiendo a Berthoz (1997) y Bottineau (2013b), designa con el término “percepacción”. Esta noción se convierte así en una unidad de análisis fundamental del libro: permite comprender el proceso por el cual las variaciones fónicas del español caribeño colombiano se semiotiza​n, convirtiendo ciertos rasgos fonéticos concretos en índices de diferencias sociales y raciales, y sobre todo identificar los mecanismos que activan esas asociaciones en el acto mismo de escuchar.

La forma del libro es tan singular como su apuesta teórica. Lejos de ofrecer una presentación de resultados ya consolidados, el estudio expone las cuatro etapas de la investigación empírica en el orden en que efectivamente se desarrollaron: la primera, dedicada a suscitar categorizaciones epilingüísticas –es decir, los discursos que los hablantes producen sobre las prácticas lingüísticas, las propias y las ajenas–; la segunda, orientada a comprender los vínculos entre esos discursos y las jerarquías sociales que reproducen; la tercera, que confronta los testimonios recogidos con los trabajos históricos, sociológicos y dialectológicos sobre Colombia; y la cuarta, que examina de cerca el fenómeno del “hablar golpeado” para mostrar cómo la escucha de la geminación consonántica resultante de la asimilación de líquidas está condicionada por estereotipos sociales y raciales. El volumen invita a seguir el proceso investigatorio tal como ocurrió, de modo que las preguntas van surgiendo sobre la marcha, las hipótesis son puestas a prueba y modificadas, y cada nuevo dato de campo genera preguntas imprevistas. Se trata, en suma, de un enfoque que la propia autora define como “secuencial y evolutivo” (Blestel 2025: 17), asumiendo plenamente el carácter exploratorio de la investigación. Para ello, la metodología se apoya en tres corpus complementarios elaborados mediante trabajo de campo antropográfico, entrevistas sociolingüísticas, pruebas de percepción y análisis mixtos (cuantitativos y cualitativos).

La primera etapa, basada en el corpus A –83 entrevistas realizadas en Santa Marta–, revela un hallazgo central: las prácticas lingüísticas que los hablantes identifican como marcadas no están ancladas a territorios concretos, ya que ciertos fenómenos fónicos –la realización de consonantes implosivas, el volumen, el tempo– y ciertos metatérminos aparecen en todos los niveles de comparación. Lo que cambia no es lo que se percibe, sino a quién se le atribuye, y esa atribución obedece a una lógica “fractal y recursiva” (Gal e Irvine 2019, apud Blestel 2025: 86): siempre emergen dos polos en tensión, organizados en torno a una misma lógica binaria centro/periferia. El examen de los comentarios epilingüísticos y psicosociales –estos últimos referidos a los atributos de carácter, comportamiento y clase social que caracterizan a los hablantes– permite entonces identificar movimientos de tipificación: emergen figuras esquemáticas, o “personae” en el sentido de Bajtín (1981), que funcionan como extremos opuestos: el hablante del interior andino, cuya habla se caracteriza como “fina” y “pausada”, frente al hablante de Bolívar, del Chocó, de la zona bananera, de las orillas del río Magdalena o de los barrios periféricos de Santa Marta, cuya habla se califica de “golpeada” o “atropellada”; el de los estratos altos frente al de las clases populares; quien tiene estudios frente a quien no los tiene. Estas figuras, sin embargo, no son fijas: un mismo individuo puede ocupar el polo del “centro” o el de la “periferia” dependiendo del punto de comparación adoptado. Así, un habitante de Santa Marta resulta “periférico” ante una persona de Bogotá, pero “central” ante alguien de Cartagena. A esto se suma que las valoraciones no son uniformes: varían según la comunidad interrogada –indígenas, afrodescendientes y mestizos no comentan las prácticas lingüísticas de la misma manera–, pero también según las trayectorias individuales, el posicionamiento de cada hablante respecto a la norma y la situación concreta de interacción. Frente a estos contrastes, los sujetos no son pasivos: se posicionan, se adaptan, y a menudo intentan acercarse al polo valorizado.

Si la primera etapa permitió identificar qué se distingue y a quién se le adjudica, la segunda se pregunta por qué esas categorizaciones están tan cargadas de significado social. En este marco, Blestel moviliza las herramientas de Gal e Irvine (1995, 2019) sobre el trabajo ideológico y argumenta que los metatérminos como “golpeado” o “fino” no describen una realidad previa: funcionan como “sitios de trabajo ideológico” que consolidan interpretaciones y participan activamente en la configuración del entorno social. Es más: la propia percepacción ya está orientada desde el inicio, pues la manera de escuchar e interpretar una práctica fónica diferencial es aprendida, y ese aprendizaje emerge a la vez del cuerpo, de la historia cultural y de las prácticas sociales compartidas. Con todo ello, el análisis de los comentarios psicosociales y epilingüísticos del corpus A permite darle nombre a la lógica binaria estereotipante que ya asomaba en la etapa anterior: la dicotomía “cachaco vs. corroncho” (Blestel 2025: 141). Por un lado, la figura del hablante educado, adinerado, cortés, con una pronunciación “conforme a todas las letras” (ibid. 145), asociado al interior andino; por el otro, alguien poco instruido, grosero, ruidoso, agresivo, asociado a la costa. Esta división, lejos de ser reciente, fue fomentada durante el periodo colonial y ha terminado por impregnar todos los escenarios sociales de Colombia.

La tercera etapa sitúa los hallazgos anteriores en una perspectiva más amplia que busca comprender estas polarizaciones a la luz de la literatura histórica, sociológica y dialectológica sobre Colombia. La autora muestra que tales divisiones no son arbitrarias: responden a una “regionalización de la raza” –en términos de Wade (2020)– heredada de la época de la colonización. Las poblaciones andinas se perciben, y se autoperciben, como blancas o mestizas, mientras que las costeñas son vinculadas con lo negro o lo indígena. A escala local, esta lógica se reproduce: los samarios tienden a representarse como más blancos y cercanos a lo “español” que sus vecinos, alimentando así la imagen de Santa Marta como “bastión español” (Blestel 2025: 183). Al hacerlo, este discurso llega a borrar la herencia africana de la región, condicionando tanto la autopercepción de los hablantes como su manera de escuchar sus propias prácticas lingüísticas. De ahí el concepto de “acachacarse”, o en otros términos, “blanquearse a la colombiana” (ibid. 186), es decir, adoptar los usos lingüísticos y las prácticas sociales características del interior andino como estrategia de ascenso social. A partir del marco raciolingüístico de Rosa (2019), Blestel sostiene que la prominencia de ciertos rasgos fónicos no obedece a sus características acústicas, sino al hecho de que se escuchan en cuerpos racializados. La etapa culmina con una mirada crítica sobre los estudios dialectológicos acerca del español colombiano, que, importados de tradiciones españolas y cachacas, han reproducido y reforzado las jerarquías entre variedades lingüísticas. Si bien empiezan a abrirse nuevos ejes de diferenciación que incorporan factores sociales y de contacto entre lenguas, la descolonización de la propia ciencia lingüística está aún lejos de completarse.

La cuarta y última etapa se concentra en un caso concreto: el “hablar golpeado”, metatérmino ampliamente utilizado en la costa caribe colombiana y fuertemente estigmatizante. Desde un punto de vista lingüístico, corresponde a la geminación consonántica resultante de la asimilación de líquidas implosivas –por ejemplo, [kat.ta.ˈhe.na] para ‘Cartagena’ (Blestel 2025: 209)–, fenómeno que algunos lingüistas atribuyen al contacto histórico del español de la región con las lenguas nigero-congolesas traídas por la población esclavizada. Pero la pregunta que guía esta etapa va más allá de constatar la existencia de la geminación: importa saber cuándo y por qué se activa el metatérmino “golpeado” en la escucha. Los resultados del test perceptivo (corpus B) son reveladores: las consonantes geminadas solo se califican de “golpeadas” cuando aparecen en contextos de líquidas implosivas, es decir, precisamente aquellos vinculados históricamente al contacto con lenguas africanas. Las demás geminaciones, en otros contextos, pasan desapercibidas. Se trata, pues, de una discriminación auditiva que opera de forma selectiva y socialmente condicionada, apuntando hacia una posible lectura racial: el tratamiento de las líquidas funcionaría como un estigma de africanidad. Más allá de Santa Marta, la encuesta de alcance nacional (corpus C) añade un matiz importante: esta denominación no designa lo mismo en todas partes. En el interior del país y en la costa pacífica, remite más bien a cualidades suprasegmentales como el volumen o la intensidad, o incluso a rasgos psicosociales como la vehemencia. En conjunto, ambos corpus apuntan hacia un continuum de prácticas lingüísticas que se distribuyen desigualmente y con una carga estigmatizante, recayendo siempre sobre quienes ocupan los márgenes sociales y geográficos. Es lo que la autora denomina un “efecto de oportunidad” (Blestel 2025: 220): el estereotipo precede a la percepción, de modo que cualquier rasgo fónico atribuido a alguien que es visto como “corroncho” puede ser interpretado como “golpeado”. De lo contrario, los mismos rasgos producidos por una persona no asociada a esta figura simplemente no se escuchan y quedan invisibilizados. En última instancia, el “hablar golpeado” funciona como un marcador metapragmático, a la vez huella de esa interpretación orientada y mecanismo que la ancla en la experiencia colectiva hasta arraigarla.

Este recorrido en cuatro etapas desemboca en una contribución de gran envergadura. En el nivel teórico, el libro representa una apuesta poco común: al inscribir el estudio de la discriminación lingüística en el paradigma enactivo, tiende puentes entre la sociolingüística, el análisis del discurso y la antropología semiótica, reuniendo planos que las distintas subdisciplinas de la lingüística suelen abordar por separado. Cabe señalar, no obstante, que el marco enactivo supone del lector cierta familiaridad con las ciencias cognitivas, lo que lejos de ser un obstáculo, constituye una invitación a ampliar los horizontes de la propia disciplina. En todo caso, Blestel ilustra sistemáticamente sus propuestas teóricas con datos concretos de su investigación, sin dejar ningún cabo suelto, lo que facilita la comprensión incluso de los conceptos más exigentes. A esta propuesta teórica se suma un aporte empírico de alcance más amplio: el estudio muestra que la manera en que se reciben y clasifican las variaciones lingüísticas no es neutra, sino que lleva la impronta de un legado colonial que no ha dejado de operar. Tanto los discursos expertos como los comentarios epilingüísticos de los hablantes de Santa Marta reproducen distinciones sociales y raciales. En efecto, las prácticas fónicas son filtradas por ideologías lingüísticas social e históricamente situadas que asocian determinadas maneras de hablar a grupos racializados, contribuyendo así a hacer existir esas distinciones. En definitiva, lo que hace singular este libro es su capacidad de leer la historia en lo cotidiano: lo que comenzó con una carcajada, junto con las cientos de voces recogidas a lo largo de la investigación, es la demostración de hasta qué punto la matriz de poder colonial sigue enactando, a través de cada palabra y de cada escucha, un orden que se percibe como natural cuando no es sino el producto de una historia de dominación y exclusión.

Referencias bibliográficas

Bakhtine, Mikhaïl; Holquist, Michael, ed. 1981. The Dialogic Imagination: Four Essays, Austin: University of Texas Press.

Berthoz, Alain. 1997. Le sens du mouvement. París: Odile Jacob.

Bottineau, Didier. 2013b. Pour une approche enactive de la parole dans les langues. Langages 192.4: 11–27.

Gal, Susan; Irvine, Judith T. 1995. The boundaries of languages and disciplines: how ideologies construct difference. Social Research 62.4: 967–1001.

Gal, Susan; Irvine, Judith T. 2019. Signs of difference: language and ideology in social life. Cambridge/Nueva York: Cambridge University Press.

Rosa, Jonathan. 2019. Looking like a language, sounding like a race. Raciolinguistic ideologies and the learning of Latinidad. Nueva York: Oxford University Press.

Varela, Francisco J.; Thompson, Evan; Rosch, Eleanor. 1997. De cuerpo presente: las ciencias cognitivas y la experiencia humana. Traducido del inglés por Carlos Gardini. Barcelona: Gedisa.

Wade, Peter. 2020. Espacio, Región y Racializacion En Colombia. Revista de geografía Norte Grande 76: 31–49.